Creo que hay un límite a la cantidad de malas noticias que se pueden recibir en una semana, un mes, un año, una vida. Un límite a la cantidad de agujas que te pueden clavar en diversos lugares antes de volverte un colador. Un límite a la cantidad de pastillas y sus espantosos “efectos secundarios” (que de “secundarios” no tienen nada). Hay un límite a lo que podés *tolerar* en un mes, un año, una vida. Un límite a la cantidad de veces que podés decir: “Deja, no lo entenderías, nunca lo vas a entender. Por favor dejamé sola.” Incluso hay un límite a la cantidad de veces que podés pensar que justo cuando parecía que no las cosas siempre pueden empeorar
Nada, eso, que está TODO mal. Encima resfriada y también hay un límite a la cantidad de visitadores médicos que puedo soportar.
