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domingo, 8 de agosto de 2010

Día del Niño

No sé por qué pero el Día del Niño siempre me resultó bastante deprimente. Creo que había algo con la palabra “niño”, no sé algo me daba triste en todo esto. Probablemente el hecho de que fuera una festividad de segunda, no como Navidad o un cumpleaños, tuviera bastante que ver. Además, y sospecho por lo que mencioné anteriormente, los regalos eran medio de segunda también, cosa que no sucedía con los días de ambos padres (hace años hubiera exigido una explicación, pero hoy esto me parece muy razonable).

Por otro lado, siempre exigía permisos especiales por ser “El Día del Niño” y nunca tenía éxito y de eso si exigiría una explicación aún hoy.

Hubo varios años, durante una etapa que recuerdo como especialmente triste e introspectiva, en los que papá nos llevaba a un hogar a repartir regalos (algunos de nuestros juguetes que ya no usábamos y algunos nuevos). Ahora, otra cosa que no entiendo es por qué no nos bajábamos del auto. Cualquiera. Seguro que si le pregunto a papá me va a decir algo como que nos daba fiaca o alguna de esas barrabasadas que a él le gusta pensar de nosotras, pero NO “liar liar, pants on FIRE!” Yo moría por entrar, verles las caras a esos chicos que escuchaba reír, gritar, jugar en el patio. Explicarles cómo se usaba cada juguete, hacer migas, ver si el interior del hogar se parecía algo al descripto en Papaíto y tantos otros libros. Estuve un buen rato pensando en esto hoy a la mañana y llegué la aburrida y obvia conclusión de que era él quería terminar con el trámite de: “El Ejemplo Solidario” lo más rápido posible para poder dormir la siesta, jugar al golf o algo así. Es que Betito es así, siempre tan preocupado por el deber ser y porque todo suceda en FastForwad (algo en común teníamos que tener).

lunes, 22 de febrero de 2010

Any given Sunday

Ayer fui por última vez a lo de mi papá, a uno de esos asados de domingo que llevan más de diez años en curso. Volví con:

· Mi Mac vieja (“tenéla como plan b”)

· La cabeza un toque quemada, cosa que no es novedad viniendo de ahí.

· Probablemente algún piojo de mis (medias) hermanitas.

· Medio kilo de parfait de naranja en la panza y la resolución de: “dejar de comer como los tres chanchitos, porque no da y se va a empezar a notar, mejor como como un chanchito solo.”

· Corazones de chocolate con ddl, para que el parfait no se sienta solo.

· Los pantalones de cuero más perfectos. Son de la madrastra y ya los había tenido una temporadita, y ahora creo que los tengo para siempre. Ahh son tan lo más que redefinen el concepto de leather pants. Ver para creer. El único temita es que, de momento, me quedan bastante grandes (antes no).

· Un dvd portátil (¿?)

· Planes de: un auto nuevo

· Una caja de vinos: papá me heredó en vida su bodega que tengo que ir mudando de a poco antes de que se la tomen Los Usurpadores (malditos Okupas que se instalan ahí a jugar a las familias)

· Ropa de ski añeja.

· Una carterita de MJ, es decir, otra además de la que llevé puesta. ¡Nueva y brillante! Regalo de la madrastra de su último viaje. La madrastra amenazada de muerte rocks! Big time!

· Ningún sentimiento particular, lo que me llamó bastante la atención.

Había, también, comida especialmente rica y novedosa; por ejemplo blinis, como esos que prepara Francis Mallman en su carpa en el Sur, re ricos, con salmón ahumado y todo, pero sin Francis. No me banco mucho el canal Gourmet pero cuando está Francis lo dejó. Miro a Francis y, como todos los demás televidentes, pienso “Oh! marry me Francis, marry me now and take me to Big Sur with you right away!”. Eso, y se me hace agua la boca y me parece un egoísta Francis por no dejarme probar esos manjares que cocina; un egoísta y un potro Indiana Jones meets Jamie Oliver. Y estás ahí fantaseando con el casamiento con Francis, toda bucólica hasta que… el poema. Uff, cuando viene el poema: “Francis, querido, quiero el divorcio y lo quiero YA! Y tus blinis, adivina qué? No son los mejores que probé!!!”