Ayer, después de esperarlo durante tres (3) semanas, finalmente, vino el carpintero a poner un estante más porque me había vuelto a quedar sin espacio para poner mis libros (sí, tengo a bit of an addiction). Ahora me empiezo a quedar sin espacio para más estantes. Decí que el tipo es bueno y necesita trabajo, pero creo que la próxima vez el voy a decir al portero ¡es tan difícil lograr que este señor concrete una cita! La historia venía a que el tipo llegó con un ramo de rosas blancas en la mano. Yo pensé: “qué bien, qué amoroso: se dio cuenta de lo mal que estuvo en plantarme dos semanas seguidas y quiere pedir perdón,” pero no era eso.
-No son mías- aclaró con un gruñido mientras me las daba.
- Ah ¿y de quién?
- No sé, un tipo…- ya empezaba a abrir su caja de herramientas como dando por terminada la charla.
- ¿Un tipo? ¿Cómo era? ¿No te dio una tarjeta?
- No. No sé, alto.
Me dí cuenta de que esa era toda la información que estaba dispuesto a darme, le agradecí por hacer de mensajero y muerta de intriga me fui a poner las flores en agua mientras me preguntaba quién podría ser… No llegué a ninguna conclusion y nadie se ha hecho responsable hasta el momento. Por lo tanto, parece que tengo un admirador secreto. Que, además, es alto, sabe dónde vivo y que me gustan las flores blancas. (Otra vez estarás pensando que soy presumida.) La verdad es que alguna vez desee un admirador secreto así que no está mal y las flores son muy lindas. Aunque el sujeto no lo sepa, también, me gustan las flores rosas y amarillas, pero esas son cosas mucho más cursis y menos dignas de andar gritando a los cuatro vientos. Me gusta que me regalen flores, no importa si son efímeras, sí me importa que tengan rico olor y otra cosa que mi admirador secreto no sabe es que prefiero las flores más nobles como margaritas o jazmines, ya que las rosas me resultan un tanto pretenciosas. Son un poco “Feliz Aniversario” y el concepto de “Aniversario” es algo que me desagrada profundamente.
