miércoles, 23 de junio de 2010

Desayunos con Luca

Tuve un novio una vez, allá lejos y hace tiempo, que probablemente fue, to this day, el más importante. El que me regalo este anillo que hoy tengo puesto, que adentro, en secreto y no tanto, dice: I LOVE YOU. Me acuerdo de cuando me lo dio. Estábamos en Barcelona, en un balcón, mi balcón y era San Valentín y el venía de Suiza donde me había comprado esto.

Me acuerdo todo, casi casi todo. Me acuerdo la primera vez que lo vi y supe que lo quería. No sé bien qué fue lo que me atrajo de él. No sé si fue que me pareció interesante o lindo, o muchas otras cosas que no quiero escribir acá porque dirían demasiado sobre mí. Aunque no cruzamos palabra esa noche me quedé pensando en él. Él después me confesó que también, que me había mirado primero por mi tapado William Morris.

La siguiente vez que nos vimos me paré casualmente al lado suyo y él inventó una excusa tonta y me habló y no paramos nunca más de charlar. Alguien alguna vez dijo que las relaciones son una larga conversación y tenía razón.

Al principio nos buscábamos por la ciudad, intuitivamente, no teníamos ni mails ni teléfonos del otro, a veces nos salía bien y nos encontrábamos. No sé cuánto tiempo paso hasta que me pidió mi mail -ja ni siquiera se animo a pedirme mi teléfono, ahora que lo pienso. Seguimos la charla por msn, charlábamos años, horas de horas, hasta las 8 am, más de una vez. Teníamos charlas divertidas, infinitas. Me hacía dibujos, cosas, que más tarde convirtió en un libro editado sólo para mí.

La primera vez que arreglamos confesamente para “salir juntos” , léase ir al mismo lugar, porque ni siquiera era una cita. Fuimos a una fiesta rarísima a la que había que entrar con alguna prenda rosa y en la que había gays cogiendo en el baño. Nos fuimos de ahí a no sé dónde y después a eso de las 8.30 am me desafió a ir a desayunar a lo de sus abuelos. No sé si por el desafío o por lo bizarro de la situación, pero accedí y fuimos.

Ahí estábamos, sin dormir, sin habernos besado jamás, desayunando con sus abuelos. Hubo una situación un momento en el pasillo los dos riéndonos a más no poder, de esos momentos que guardaría para siempre, en stop motion o algo así. Cuando salimos me informó que sus abuelos me habían adorado y que seguramente ya estarían mandando a imprimir las invitaciones de casamiento. Siempre fui muy buena con los abuelos, no tanto con los padres.

Una semana después tuvimos nuestra primera cita oficial, los dos solos en un bar. Él llego primero y me esperaba con regalo: su libro preferido me dijo y hasta el día de hoy lo cuento en mi Top 5. Él era, o había sido hasta el momento un “player” y nunca había tenido una novia de verdad, así que yo fui esa, la elegida, la que tiene que explicar TODO desde el vamos, desde nivel-1. Su novia actual debería mandarme una Thank You note, sería la de mínima.

Tiempo después él se reía de si mismo clueless en nuestras primeras citas, clueless en tantas cosas. Lo dejé hecho el mejor novio del mundo, un poquito absorbente y celoso, pero, other than that, perfecto. Me hacía los mejores regalos, me llenaba de corazones y cosas cursis, pero “con onda” y especiales. Me trataba como a una princesa. Me malcriaba a extremos que ni yo, que fui hija única 5 años, conocía. A la mañana me preguntaba qué quería desayunar, corría el supermercado y volvía con una variedad extraordinaria de cosas y el diario. Desayunábamos escuchando a Luca Prodan y haciéndonos los que leíamos el diario, mientras él me contaba la vida de Luca, las historias de Sumo, una de sus bandas preferidas que también me contagió. Yo comía Melbas como las comí siempre, primero chupando lo blanco, él miraba con odio y me decía “te odio por hacer eso, por comerlas así, porque sí un día estoy con otra novia comiendo Melbas y ella no lo hace la voy a querer menos.”

Creo que el siempre supo que, eventualmente, yo lo iba a dejar. Pero, aún así, él me decía con toda la seriedad y solemnidad que se reserva para algunas verdades, que él, jamás lo haría. Creo que eso debe ser amor de verdad. Si no es eso, no tengo idea.

Me hacía las mejores cartas, largas, lindas, con dibujitos ilustrativos. Sí, cartas de amor, pero no de las pelotudas, cartas copadas. Siempre con alguna treta para que no las muestre, como incluir detalles porno o escribirlas en un tamaño imposible de leer sin ayuda del autor. Cuando alguno de los dos viajaba nos mandábamos los mejores mails, los más románticos, literarios y lindos. Todavía los guardo, obviamente. Me pregunto si él también. Él siempre me reclamaba que yo no le mandaba tantos como él a mí. Un día, después de cortados, descubrí que era cierto: en mi casilla busqué todos los de él y eran casi 400 y míos a él había sólo 83, ese número no me lo olvido más me hizo sentir tan mal, lo llamé y le pedí perdón.

miércoles, 16 de junio de 2010

L y S

Soy de esas personas a las que a veces las desconcierta cómo las ven los demás, la mirada del otro. No tengo muy claro cómo soy percibida por el Universo. Tengo algunas ideas, algunas cosas me han dicho, algunas sospechas, pocas certezas.

Mañana me junto a almorzar con dos amigas, de las más viejas, de cuando vivíamos las tres en La Lucila en un radio de tres cuadras. Patinábamos esas tres cuadras barranca arriba y abajo varias veces al día. La que mejor patinaba era L y a veces nos cruzábamos con Justita una vieja loca y puteadora que nos daba terror. Años después L nos informó que la habían encontrado muerta, en la casa donde vivía sola, en proceso de descomposición.

En días especialmente osados espiábamos por los arbustos el jardín de una casa donde sobre una especie de mini altar había una calavera humana, no recuerdo que tuviéramos mucha información sobre los habitantes de esa esquina, pero sí una imaginación galopante.

Este post venía a que creo saber, en parte, cómo me ven ellas. Después de tantos años creo saber con qué me asocia cada una. Sé que las dos me relacionan con la calle Andrés Ferreyra (me pregunto si saben lo infeliz que fui ahí), con esa casa y ese barrio. Sé también que las dos me asocian con la Escuela Inglesa para Señoritas -ambas se cambiaron a la Escuela Escocesa durante el secundario. Sé que las dos recuerdan lo mala que soy y siempre fui en los deportes y como siempre me elegían última para formar los equipos, no sé si les dará pena o risa (espero que lo último). Sé que las dos se dan cuenta en un nanosegundo si me gusta un chico y que jamás podría engañarlas con ese tema. Sé que L no se va olvidar nunca de nuestros viajes en la camioneta de Fuga y de ciertas misiones secretas en las que nos hemos acompañado. Sé que S probablemente se acuerde de cuando hacíamos experimentos y Creepy Crawlers (ella siempre sacaba mi lado más varonero, más Indiana Jones). S también me asocia con un cierto tipo de películas -algo así como: girlie cult classics, ponele (mucho Molly Ringwald y Cher Horowitz, entre otras)- y algunos libros.

Sé que L debe tener guardadas muchas imágenes mías haciendo el ridículo, algunas a propósito para hacerla reír (ver baile folklórico con botas texanas varios talles más grandes en el campo de S) y muchas otras sin darme cuenta (ya me recordará alguna cuando lea esto y me pondré colorada con efecto tardío).

S en cambio tiene otros recuerdos oscuros: nuestras peleas de la primaria, entre nosotras o unidas contra el mal (i.e.: chica más grande que almorzaba en el mismo comedor que nosotras y nos caía igual de mal). Éramos tan malas cuando nos lo proponíamos. Fuimos un tan buen equipo contra esa chica el día el que el tiramos una jarra de agua entera en la cabeza, lo debemos haber sido en alguna otra ocasión también. Tampoco creo que se olvide jamás de la vez que llamamos al Chino de Jugate Conmigo por teléfono, teníamos apenas seis o siete y lo amábamos, pero después de “hola” obvio que no supimos cómo seguir la charla. S también me recuerda muchas veces en versión dúo dinámico fashionista con Marianne durante toda una época del 2004 en la que ellas hacían el CBC juntas y nos veíamos muy seguido. Las tres usábamos el mismo sweater de cebra.

L acude a mi para consejos de belleza, está convencida de que sé exactamente qué comprar en un Free Shop o en un Sephora, cómo salir viva y bien provista de cualquiera de ellos en minutos. También creo que me asocia con ciertas bandas que le recomendé, no son muchas pero representan a la perfección distintos momentos de nuestras vidas.

S, en cambio, me tiene más en cuenta para tips de viajes y restaurants. A veces, incluso guarda restaurants para que pruebe con ella ¡y eso me encanta! Aunque me cueste salirme de lo viejo conocido. Las dos me asocian con cierto modo de comer: nunca sin postre, siempre con mañas y con algunas comidas o lugares muy específicos.

Las dos me conocen a la perfección, pueden leer cada una de mis caras, de mis expresiones, they can both read me like a book. Creo que las dos están sorprendidas y orgullosas de verme convertida en una adulta y no sé si lo saben, pero me pasa lo mismo con ellas. Incluso las admiro, mucho, a las dos, por razones muy diferentes. L es siempre súper responsable, cariñosa y familiera - tiene una familia inmensa, se ocupa de todos y jamás se olvida de ninguno. Es el tipo de amiga a la que podés llamar con el programa más chino un lunes a las doce de la noche y te va acompañar con una sonrisa. S es, tal vez mi amiga más creativa, es “artista”, pero con muchísimo sentido común (no se parece en nada a la típica artista “volada”), es la mejor anfitriona que conozco y me atrevería a decir del mundo -ella y toda su familia- las mejores fiestas y eventos a los que he asistido fueron siempre en su casa. Además, igual que su madre (la señora más chic que conozco) siempre está impecable, elegante, canchera y femenina.

Bueno, eso, que mañana me buscan por el trabajo para ir a almorzar y no puedo esperar. Hace tanto que no hacemos algo las tres juntas, solas.

lunes, 31 de mayo de 2010

Trashy Tv

La Otra Televisión Basura (¿la que nadie está mirando?)

Uf, esa es la que me copa, me encanta, casi diría que me excita y me llena, pero es justamente lo contrario lo que produce el efecto deseado.

Esa que miraría durante días en un cuarto de hotel con mucho blanco, mi mente en blanco (Mission Imposible Nr. 14). Horas de horas, jornadas completas de Millionaire Matchmaker y cuanto reality surrealista haya en el cable yanqui.

Todas esas películas hechas para televisión que me copan. After schools specials, los-quiero-todos. Drogas, alcohol, embrazo adolsecente, bailarina anoréxica, bailarin mujeriego, mandame todas. Una atrás de otra.

Todas esas hechas por todas esas rubias antes de ser esas rubias (si, hablo de Reese y Kirsten, incluso Molly, entre otras, pero de su vida A.C., que el mundo que no sabe ver tele desconoce). Algún ratito de un talk show -porque mucho no me banco. Nada intelectual cuanto peor, mejor; aunque ahí sí que trazo una línea y los que vienen y van los cornudos son demasiado para mi, los dejo para los paladares negros de la tv.

¿Si te rompen el corazón, no? Y te encerrás en el cuarto de algún Hilton lindito y blanquito, pantalla plana y sintoniz'as los realitys de Mtv o VH1 (desde Made hasta The Hills, The City, pasando por los de citas, y todas las otras versiones de frnkjf Beach). Bueno, si pasa eso, ¿qué onda? ¿Te recuperás en tiempo record? ¿Se te borran los recuerdos como en Eterno Resplandor?

Mi corazón está sin agujeros, enterito. Pero te digo que miro a las Real Housewifes de dónde sea y me hacen el día. Me siento Wonder Woman meets Einstein, meets Steve Jobs. Pure fiction, I know, el efecto dura solo los 20 minutos que dura el programa.

domingo, 16 de mayo de 2010

Next!

Quiero pasar a la siguiente etapa de mi vida. Ésta me salía re bien, creo que llegué a destacarme en algún aspecto. Ahora no, lejísimos de eso, empiezo a flanquear. Primero fue no salir los días de semana, no poder o no poder vivir al día siguiente. Ahora: dos eventos sociales en un fin de semana me parece impensable. Salir un día hasta tarde me parece cuasi apocalíptico. Salir de noche me parece un trámite. El otro día un chico lindo me coqueteó y no supe qué hacer, para dónde correr, no supe qué historia inventar. Después, destapé una lata de cerveza y me corté el dedo, sangre. La dejé. Ya ni me acuerdo cómo se hacía.

No quiero más, me aburrí, i´m so over it, let´s move on.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Good news for the people who love bad news

Creo que hay un límite a la cantidad de malas noticias que se pueden recibir en una semana, un mes, un año, una vida. Un límite a la cantidad de agujas que te pueden clavar en diversos lugares antes de volverte un colador. Un límite a la cantidad de pastillas y sus espantosos “efectos secundarios” (que de “secundarios” no tienen nada). Hay un límite a lo que podés *tolerar* en un mes, un año, una vida. Un límite a la cantidad de veces que podés decir: “Deja, no lo entenderías, nunca lo vas a entender. Por favor dejamé sola.” Incluso hay un límite a la cantidad de veces que podés pensar que justo cuando parecía que no las cosas siempre pueden empeorar

Nada, eso, que está TODO mal. Encima resfriada y también hay un límite a la cantidad de visitadores médicos que puedo soportar.

martes, 11 de mayo de 2010

Material de Archivo

Hace algunas noches insomnes que me dedico a la peligrosa tarea de releer escritos viejos, hasta viejísimos (cinco, seis años atrás es lo más viejo que encontré en formato digital -por ahora). Los hallazgos son muchos y clasificables dentro de las siguientes categorías:

· Pésimos. Deberían ser borrados, eliminados for evaaaa, pero me da pena: si total no ocupan lugar

· Interesantes y hasta buenos, pero de ninguna manera publicables. (No, no hay chance; harían más mal que bien. Tal vez, más adelante, cinco años más –mínimo- antes de ver la luz o van con sello editorial.)

· Un cache espantoso que no me explico cómo, justo yo, pude escribir with a straight face. Im-pre-sen-ta-ble.

· El último grupo es el más chico y el que no parece tener ninguno de esos cánceres de la edición, así que, con un poco de suerte, publicaré algunos.

Los archivos incluyen mails -muchos de ellos, propios y ajenos. Ese sí que es un viaje, ¿eh? No sé si lo recomendaría: hay que ser muy cauteloso, sobre todo cuando se revisan los X-Files, sobre todo si te sale tan bien como a mí el temita de inventarte historias y sentimientos y creértelos (aunque sea un ratito).

Obviamente, me surgió la incógnita de: ¿escribía mejor antes? No sé, los lectores dirán (paren las rotativas: ¿tengo lectores?). Escribía un poco diferente y un poco igual; eso es seguro y eso es así desde la primera vez que intenté esbozar una letra E, negándome a ponerle solamente tres (3) palitos horizontales (le puse mil, no era una E, ¡era un peine!). En algunas cosas mejoré, aunque todavía hay un largo camino por recorrer, pero hoy puedo decir con orgullo que hago bien la E (me limito a los 3 palitos estándar, mal que me pese), pongo el 99% de las tildes e intuyo la mayoría de las comas, los puntos, los guiones y, en un buen día, te tiro hasta un punto y coma.

domingo, 9 de mayo de 2010

Mi papá - Apostillas

Tengo 4, es mi persona preferida en el mundo entero. Lo llamo a su Movicom, que es del tamaño de una valija, para pedirle que me traiga una sorpresa cuando vuelva del trabajo. Me trae stickers o una Rodhesia.

Tengo 5-6 todos los días leemos Elige Tu Propia aventura o alguna otra cosa antes de dormir. Vamos como pasando de nivel y superamos ampliamente dicha colección. También leíamos Ami y esas cursiladas metafísicas que elegía él, lo mío era más de suspenso. Me manda a un curso de meditación (que me fascina), me paga por hacer diferentes “trabajos” e insiste con que haga clases de yoga.


Un día antes de dormir me cuenta un cuento inventado que me trauma para siempre: es de una familia que tuvo todo y lo perdió. Me ve tan mal que improvisa un final en el que rehacen su vida, pero nunca nada es igual. Ya no me malcría.


Tengo 7, me enfermo y paso como 6 meses internada en mi cuarto. Mi mamá viene, me visita, me charla, se ocupa, me juega, habla con los médicos; él sólo está ahí nunca habla, nunca viene a mi cuarto, nunca hace ni un gesto. En cambio, compra una casa nueva y enorme, compra teles gigantes que a nadie más le interesan, programa viajes.


Tengo 8, uno de mis recuerdos preferidos: es la mañana de año nuevo y somos los únicos despiertos. Casi los únicos en el mundo. Vamos a desayunar en bici al único lugar abierto, al primero que encontremos. Libertador está vacía, igual manejo con cuidado en el bordecito. Me acuerdo como si fuera una foto: la rueda de mi bici, el caño violeta, abajo la calle y las hojas caídas haciendo ruidito.


Tengo 9, se separan por primera vez, nos explican, no lloró ni en ese momento ni en ningún otro. Les digo que me lo imaginaba (es mentira, sólo tenía sentido probabilísticamente). Me acuerdo cuando se fue esa misma noche, me acuerdo el bolso que tenía y la imagen de él saliendo por la puerta de entrada, por primera vez noté que era petiso.



Me acuerdo la primera vez que lo fui a visitar, todavía en un apart hotel, no había shampoo. Odiaba ir a su casa con toda.


Tengo 10 y es mi cumpleaños, quiero una casa del árbol. Me regala una cuenta bancaría con U$S100.- y me explica que en un año serán U$S110.- ¿y a mí qué?


Tengo 11, terminamos de comer en lo de mi abuela, estamos él, mi hermana y yo en la cama de mi abuela charlando, nos dice con una sonrisa enorme que esta noche vuelve a casa. Me pongo muy feliz, sin entender bien por qué. Soy feliz un fin de semana. Se van de viaje, vuelven, se separan y en esta explicación si lloro, me enojo y me voy por primera vez al que será mi escondite de llorar con toda.


Tengo 14, me dice que aunque no quisiera va a tener otra hija. Lloro, me tiño el pelo y me convenzo de que estos hechos no están relacionados -lo estaban.


Tengo 15, es mi cumpleaños (otra vez) quiero una filmadora (época de cineasta) me regala un reloj caro (deja vú), no lo acepto. Lloro, no tiene idea. Dejo de hablarle. Llama todos los días, nunca atiendo o le corto, escribe cartas, me insulta por carta, manda cassettes, sigue llamando. Deja de insistir.

Tengo 19 vamos juntos a China y Japón (él pidió el primero, yo, el segundo). Casi no hablamos, paseamos separados, no sacamos fotos, no nos caemos bien. En el metro, cada uno con su helado, somos tan iguales. Nos escapamos de la única excursión a la que fuimos en la vida, por primera vez en 15 años volvemos a ser cómplices.

20, 21, 22, 23: Peleas, gritos, cosas horribles, psicólogo. Repeat.

Tengo 24, vivimos en distintos continentes. No llama todos los días o llama y no lo atiendo, o llama 8 veces en un día con explicaciones de “Por si me muero…” (no, no está enfermo ni nada). Nos encontramos casi siempre en aeropuertos como en esa novela de Kathryn Harrison, pero sin el incesto. Ya no voy al psicólogo y muy cada tanto me hace llorar un rato. El otro día, en el supermercado, me dijo por primera vez: “estás linda". Afuera amanece (literally).